Como dice el documento “Hacia una educación sin exclusiones” elaborado el año 2000 por la UNESCO, deberíamos emprender una ética de la responsabilidad, teniendo en cuenta los nuevos aspectos que derivan de la innovadora tecnología moderna, que se ha transformado en un fin en sí misma.
Entre estos componentes podemos hablar del inesperado efecto social producto del progreso científico - técnico, la impotencia de “rebobinar” estos efectos sobre el medio natural, la larga espera para que se valoren estas consecuencias, la forma llamativa en que el futuro no esta representado por un grupo que defienda sus prioridades en el espacio político actual y la mirada al “hombre como centro” de las corrientes ideológicas de nuestro siglo.
Deberíamos comenzar por una simple regla de actitud: donde nuestras acciones no sean un elemento potencial que arriesgue el estado para la subsistencia de la vida en la tierra. Partiendo de que preservar el futuro de la humanidad constituye la primera obligación de cada individuo.
Eduardo Giorlandini (2002) habla del panorama de la comunidad futura, donde la interacción entre la naturaleza y el hombre: se basa en el respeto y la dignidad. Pero que confabula a favor de la conservación de la especie humana.
Giorlandini trata de una moral que no condena a la ciencia o técnica. Pero que defiende una austeridad económica: A largo plazo contracción, o sea en lugar de crecimiento ilimitado a un crecimiento limitado; estricto ahorro energético, estabilidad o reducción demográfica en vez del incremento poblacional.
Pero bien, esto implica amenazar contra la leyes básicas de las sociedades “desarrolladas” de nuestra época. Lo que no es popular, y me temo que tampoco sea factible. Simplemente, porque nuestra forma de pensar y actuar no es naturalmente semejante, justamente en ello se fundamentan los problemas de nuestra era de masas.
Los principios hacia el mayor rendimiento, aunque tiene una labor constructiva, tiende a convertirse en un fin en sí mismo, a veces es irracional y represivo estando muy al margen de las reales necesidades humanas.
Acá debemos pensar que la mente humana probablemente no debe ser minimizado a un simple órgano de los instintos o la voluntad, como piensan muchos post-modernistas
Posiblemente la mente humana compite con otros principios primitivos de organización, talvez más antiguos y sólidos que lo que conocemos por razón y que resultan ser responsables por actitudes “irracionales” del comportamiento.
Pensemos en la insaciable voluntad de poder; el instinto de crecer y crecer o en la intención de violentar a los demás.
Si esto es así, nuestros esfuerzos por armar una sociedad razonable estarían conducidos al fracaso.
Por otro lado, las recientes teorías de la complejidad y el caos manifiestan que cualquier sistema altamente complejo, y toda sociedad humana lo es, puede pasar repentinamente por un estado inesperado y entrar en un estado de colapso. Pensemos en nuestros países, donde se vive un proceso de crecimiento: demográfico, contaminación ambiental e incremento continuo de la producción industrial.
Y como dice José F. Patiño (2003): Procesos medidles en cantidad adquieren inesperadamente otra calidad, que puede ser la de una dilatada armonía.
Un órgano social desarrollado por muchos años de acuerdo a normativas establecidas puede de un momento a otro originar efectos sorprendentes y negativos. En otras palabras, motivos ínfimos pueden derivar en grandes efectos sin haber proporcionalidad.
Estoy convencido de que la labor política – social esencial para el futuro se orientará hacia el respeto auténtico y no al verbal solamente. El respeto a todas las formas de vida presentes aún los más vulnerables, porque en última instancia, de este sistema vivo depende la existencia humana.
El mundo no le pertenece por exclusividad a una sola especie, sino a sí mismo. El hombre por su capacidad de pensar y razonar, interviene en muchos procesos naturales pero no tienen la potestad de alterar esta armonía natural ni de tratarla como su propiedad.
Ahora cuando la industria y la contaminación ambiental son un peligro que expone los ecosistemas naturales de la tierra, es importante identificar y establecer claramente que la conservación de la NATURA es prioritaria a las imposiciones del monopolio tecnológico e industrial.
En otras palabras, como manifiesta Mogens Gallardo (1998) la economía debe subordinase a la ecología y no al revez. Seguramente esto suena como una herejía ahora. Sin embargo, tendría que ser una regla de comportamiento colectivo.
De hecho los revolucionarios y hasta los conservadores se han conformado con modificar el mundo. Cuando nuestra obligación es preservarlo.
Deberíamos inscribir la tesis de Odo Marquard, citado en Apologie des Zufälligen (2003) que indica: Quien desee transformar algo tiene que responsabilizarse por fundamentar su modificación, de lo contrario se supone que lo establecido tiene peso suficiente para continuar y ser respetado.
Pero el tiempo corto de nuestra humanidad es la razón por la que no se puede asimilar la gran complejidad de estas transformaciones, ni menos aún retar sus opciones de cambio.
En nuestra mente comprendemos que las reglas de la vida natural están por encima del desarrollo material ¿pero lo entenderán así nuestros gobernantes o la opinión publica?
Se ha vivido bastante bien hasta ahora explotando los tesoros de la naturaleza, y es muy difícil imaginarse que esto no sea posible en el futuro próximo. Ahí esta la conciencia de quienes rigen los destinos de esta pobre humanidad: casi todos están satisfechos con su pobre obra a favor del “progreso”, que es inquebrantable a otras argumentaciones.
Un probable fuego se debe apagar no cuando el bosque se está quemando, sino apenas se haya encendido el fósforo.
Referencias Bibliográficas
Giorlandini, E. 2002. Cooperación y Trabajo. Cooperativas de trabajo (en línea). Consultado 1 diciembre del 2003. disponible en:
http://www.neticoop.org.uy/documentos/dc0269.html.
Gallardo, M. 1998. ECOLOGÍA PROFUNDA (en línea) Consultado 1 diciembre del 2003. disponible en:
http://www.mogensgallardo.com/deepeco/ecologia_profunda.html
Patiño J. F. 2003. El cáncer desde la perspectiva de la teoría caos. (en línea) Consultado 1 diciembre del 2003. disponible en:
http://www.encolombia.com/medicina/cirugia/ciru17102-oncologia1.htm
Unesco 2000. Hacia una educación sin exclusiones. (en línea) Consultado 1 diciembre del 2003. disponible en:
http://www.unesco.cl/pdf/programa/haciauna.pdf.
Apologie des Zufälligen. 2003. Odo Marquard.
En defensa de lo occidental(en línea) Consultado 1 diciembre del 2003. disponible en:
http://www.fractal.com.mx/F2marqu.html.